Viajes

Rápida Bitacora De Turismo Gastronómico En Lima

20 noviembre, 2016

Rápida Bitacora De Turismo Gastronómico En Lima

Cuando dicen que en Lima se come como los dioses, que se respira pasión por la comida y que se vive alrededor de ello, es cierto. Yo me atravesé un año por esa ciudad y debo decir que me esforcé bastante en probar la más que puede para poder ser testigo fiel de ello.

  

Como soy curiosa supe, en todo momento que necesitaba probar el país y la ciudad, saborearlo y vivirlo plenamente. No soy –ni pretendo- ser una crítica culinaria, ni mucho menos, pero ya que me puse en esa bonita tarea, pensé que además de que cheveré, sacarmis favoritisímos de este tiempo puede resultar útil para cualquiera que venga a Lima a llenarse los cinco sentidos de momentos, experiencias y sabores. Cada lugar está cargado de emociones y para mí, no solo la comida marca la diferencia a la hora de decir cuál es mejor que cuál, como yo soy mucho más emocional –debía aclararlo- siento que otros aspectos entran a acercarte o alejarte de cualquier sitio: el ambiente, la compañía, la conexión y la química con el lugar, las sensaciones, la atención, la impresión producto/precio y sobre todo, la sonrisa con la que uno se va y lo recuerda.

 

La cosa es que realmente hice turismo gastronómico con tanta dedicación, libertad y felicidad en Lima como en ninguna otra parte. Y fue increíble saborear Perú. 


Mis favoritos, rápidamente fueron:

 

1.      Madam Tusan (desayuno –Dim Sum). Estuvimos como tres horas ahí y cada plato, -como es tan diferente a lo que estoy acostumbrada- me parecía una aventura. Sumado a eso mi compañero tenía clarísimo toda la mística que encierra la comida china (fusionada con la peruana, chifa) y el mesero nos leyó de maravilla y sus recomendaciones fueron una locura. Ahí perdí la cabeza. La sensación de lo nuevo y lo desconocido, de lo diferente y sabroso. Bueno, y nada, es de Gastón, todo lo que tenga su nombre inmediatamente está en mis favoritos.

2.      La Picanteria. Amo ese lugar. La experiencia ahí es muy peruana y la Causa de Sardinas y los chilcanos son de esos que piensas “menos mal lo probé”. Cuando vinieron mis papás no los llevé y realmente solo quiero que vuelvan para llevarlos y que a mi papá, especialmente, se le haga agua el corazón. La decoración da aires de informalidad, poder ver la cocina y tener que compartir la mesa con mucha gente al lado, logra hacer que uno sonría. Como uno está codo a codo con los otros, casi que hacen parte del “date” de uno así que yo por ejemplo probé el pescao del que estaba a mi lado –estaba delicioso- y le di un poco de nuestro pulpo. Es increíble, el ambiente, la comida, la atención, todo lo hace inolvidable.

3.      Panchita. Gastón otra vez, obviamente. Este lugar es otra aventura. Me gusta su decoración, el horno dónde sacan el pan que uno se va comer calientico y recién salido, las salsas para el pan y el ambiente tranquilo pero no informal, como yo. Los tamales, los anticuchos, el pastel de choclo, el chancho y un muy buen pisco sour. Aquí probé el cuy, raro, impresionante, pero rico y muy bien servido. Todo en porciones generosas y muy criollas. Es sabido que lo que tenga el sello de Gastón, es de buena calidad y una buena elección. Se esmeran en el servicio, en los platos, en los sabores, en la experiencia. 

4.      Isolina. El lugar evoca a una taberna tradicional peruana y da la sensación de estar en un bar. Pero su comida lo devuelve a uno a un buen restaurante y al Perú, absolutamente todo ahí vale la pena. El poder de este restaurante –para mí- es que tiene mucho de lo que tenemos en Colombia pero pocas veces –en mi experiencia- lo servimos en una comida formal. Es fascinante cómo aquí se atreven, se arriesgan, es natural y delicioso; riñoncitos al vino, mollejitas guisadas, sangrecita, mondonguito a la italiana.

5.      Chez Wong. Bueno, esto es una verdadera experiencia que hizo sonreír los cinco sentidos. En la casa de chef Wong hay unas ocho mesas. Cuando llegamos no sabíamos si habíamos llegado. Es una casa normal sin letreros, con la puerta cerrada, sin una pista de que adentro le cocinarían a uno. Y eso es. Es como si el cocinero abriera las puertas de su casa y cocinara para uno. En una esquinita muy cerca a todas las mesas se le ve tomando el pescao, quitándole la piel, el cuerpo y lo que no se come, lo parte y pal plato, ahí, al ladito de uno. Alucinante. No hay carta, solo lo que él quiera preparar con la pesca del día. Me pareció un concepto romántico, autentico, sin pretensiones (aun si es caro) y muy diferente.  

La verdad hay mil millones más como La Mar que también me encanta, el bloody Mery y el chaufa de pato de El Mercado, o el chaufa de quínoa en Amor Amar,  la fideuay el ambiente de Cala, las hamburguesas y el chocolucuma de papachos, ceviche en la paisana, la carne, el tartare de salmón y el postre de nutela en NOS, acevichadoen Osaka, postres donde la Maga –tres leches y suspiro- y por supuesto la Lucha que a todo el mundo le encanta. 

O sea, en realidad podría seguir hasta el infinito porque las opciones todas son buenas, increíbles y va uno a la segura porque lo que es cierto es la certeza de que comida como la peruana, es muy difícil de encontrar en el mundo. Pero nada, ustedes siguen perdiéndose esto sin venir a ver qué.

 

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply