Viajes

Un viaje a hace 60 años

20 abril, 2017

La Habana; Un viaje a hace 60 años

Cuba es tremendamente encantadora. Tiene unos colores diferentes, una energía, una pasión y una magia muy particular. Muy suya. Muy única. Definitivamente es un lugar muy elocuente. Solo con poner los pies ahí, con dar una mirada, con ver su gente, ya se entienden cosas, se perciben y se sienten otras muchas.

La Habana, en particular, es nostálgicamente feliz. Se le ve el olvido y al mismo tiempo la alegría y la tranquilidad de su gente. Los colores opacos y las sonrisas felices. Las trabas y los imposibles y la gratitud de vivir. Las limitantes y el desarrollo de nuevas aptitudes en sus habitantes. Los ojos del régimen y presencia eterna de a fiesta.

La música en cada esquina. El arte en todos los rincones. Las historias en cada paso. Las enseñanzas en cualquier palabra intercambiada. La cultura política en cada mirada. Fidel, el che y la revolución por doquier. La salsa, la ropa vieja, los carros antiguos, los habanos, la bandera, y la sabrosura en cada respirar.

A mí la Habana me encantó. No me cansé ni un segundo de recorrerla. Quería más. La Habana vieja es fascinante. No duerme, no descansa, no se queda callada.

Yo, de casualidad y de forma acertada, me quedé muy muy cerca de Plaza Vieja. Y de ahí hacía casi todo caminando. Como dije, no me cansé de caminarla, perderme y volver a recorrerla. Son construcciones elegantes e imponentes. Bien definidas y divinas. Pero dejadas por el tiempo, olvidadas y descuidadas. Es gente en las calles siempre alegre y siempre dispuestas a ayudar.

Estuve en el Museo Nacional de Bellas Artes y me encantó. Lleno de cosas interesantes y muy talentosas. Al contrario del museo de la Revolución que me pareció pasado de moda y soso. Y repetitivo. Pero obvio, había que ir.

En la plaza de José Martí tomé un Free Walking tour por ahí que duró tres horas muy bien invertidas. Caminamos por rincones, aprendimos mucho y nos acercamos a las mentes cubanas. Muy recomendado. Por todas esas callecitas entré a todas las galerías que pude, oí todos los grupos de salsa que se me atravesaron y conversé con toda la gente que quiso conversar.

Obvio fui a la plaza de la revolución, a tomarme el propio mojito en el hotel Nacional, en el Capitolio, en la Bodeguita del Medio (equis), la Floridita (equis también), caminé toda la calle Obispo que me tenía fascinada y obvio por el malecón.

La verdad es que fue un viaje muy interesante y cultural. No podía entender el poco acceso a las comunicaciones, las dos monedas, la sensación de los ojos de la policía secreta en todas partes, la seguridad.

Los planes nocturnos fueron increíbles, la verdad es que hay de todo para hacer. Podía haberme quedado una semana entera y seguir y seguir.

Mis recomendados;

Restaurantes: Doña Eutimia (al lado tiene el taller Experimental de Arte y es cheverísima), el Dandy, Siá Kará, el Chanchullero, La Guarida, El Cocinero. Estos fueron mis favoritos. Importante hacer reserva en la mayoría.

Noche y MUY MUY MUY imperdibles: La zorra y el cuervo, La Frabrica de Arte y el matiné del Diablo tun tun, mojitos con música en vivo en The Tavern.

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