Escritor Invitado

Carolina Jaramillo

4 julio, 2017

Hoy, amanecí con inmensas ganas de recordarte aunque nunca lo he dejado de hacer. He tenido tu voz en la cabeza todo el día, resuenan tus palabras: “Yo solo me dejo tomar fotos de ti porque haces que salga bonita”. Yo te decía que siempre estabas bonita y tú arrugabas la cara, después de ese gesto, venía una carcajada.

Como hace mucho no salgo a caminar contigo, te cuento que ya no vivo en Cartagena, vine a visitar a mis papás en Santa Marta y me terminé quedando, estoy trabajando en lo que me gusta.
Como hace mucho no voy a tu casa a visitarte, te cuento que todavía no tengo a quien presentarte, pero tal vez hay alguien con quien puedas molestarme.
Como hace mucho no me llamas por teléfono, te cuento que he aprendido a disfrutar de la soledad y que desde hace más de un año soy capaz de salir sola a almorzar.

Te cuento que Santa Marta no es la misma que cuando vivíamos en Bogotá y veníamos de vacaciones, cerraron tu restaurante favorito y se murió el señor al que le comprábamos tinto. El vecino que te encantaba se fue a vivir a Francia, y la verdad a él, yo nunca le vi la gracia, perdón.

Por favor, cuéntame cómo estás.
Cuéntame cuál es el color real del cielo.
Cuéntame si allá te encontraste con tu perro.
Cuéntame si las estrellas fugaces de verdad cumplen deseos.
Cuéntame que por fin, te volvió a crecer el pelo.

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