Amor

La mamá de las emociones

27 enero, 2018

A lo largo de mi vida he tenido miles de emociones. De todo tipo. Buenas, malas, regulares, inseguras, seguras, rotundas, débiles, felices, fuertes, tristes. Mejor dicho, emociones de todo tipo. Hoy, seis días después de mi compromiso miro atrás y veo mi vida con una claridad diferente y entiendo y me paro firme en mi presente y me doy derecho de sentir lo que siento, me doy la oportunidad de vivir lo que estoy viviendo y la libertad de mirar atrás y evaluar y repasar.

Y veo una vida emocionante.

La certeza intensa e incuestionable de saber que me tenía que venir para Bogotá a estudiar mi carrera y construirme un mundo y lograrlo. El sentimiento inmenso que sentí mayor que yo con mi primera tusa recién llegada a la capital. La impotencia genuina de creer que mi carrera podía conmigo y no yo con ella. La alegría de haberme ido a vivir a Buenos Aires y el respiro de libertad al graduarme de la universidad. La frustración loca de no saber para dónde iba mi vida.

El dolor por el dolor de ese corazón que partí conscienteinconscientemente. La reevaluación de mi vida y el alto que hice con el trago y la fiesta. Las noches perdidas en bocas alegres y la inconsciencia al día siguiente. Las pistas que me daba la vida de que los manes que me podían amar con locura existían y mi insistencia en no querer verlo. La incomprensión sincera de las ganas fervientes y eternas de una amiga de toda la vida de querer todo lo que yo tocara: hombres y trabajo. Y la consecuente ruptura y cambio que esto trajo para el grupo de mis amigas. Pero la libertad que me dio liberarme de una relación oscura que me enseñó que las amigas, también son maestros y tienen su ciclo.

La convicción amorosa por Madrid. El éxtasis de más de 365 días en España. La fiesta tan loca de San Fermín, la euforia cuando ganó España la Eurocopa o cuando el Madrid ganó la copa del Rey. Mi sensación de mamera existencial al hacer la tesis de la maestría y jurarme y rejurarme no volver a estudiar en mi vida. Mi dolor visceral al despedirme de mis amigas dominicanas en España y los días de oscuridad sabiendo que se me acababa España.

La sensación de triunfo al encontrar trabajo a los 15 días de volver al país. El corazón desconsolado por las paredes y en el aire en esa relación tan mal escogida. La triste felicidad el día que mi hermano se casó. La oscuridad que me arrojaba los desaciertos y dudas profesionales. La luz chillona y fluorescente en mi alma gracias a los abrazos virtuales recibidos por el blog. El aburrimiento existencial cuando debía cerrar ciclos y me daba miedo cerrar ciclos.

Las dudas sobre el amor. La sensación de sentirme incapaz de amar. El dolor cuando me sentí incapaz de ser amada. La seguridad insegura de que encontraría el perfecto para mí. Los amores de un par de noche que dolieron como deben dolores amores de siglos. La guerra interna perpetua por no volver a ser gordita y verme siempre en el espejo con más kilos que los que de verdad tengo. La adrenalina extrema y sublime de subirme a una tarima a contar mi testimonio.

El susto solidario cuando le diagnosticaron cáncer de mama a mi mamá, el desconsuelo de mi papá cuando me llamó a contármelo y el miedo angustiado de mi hermano cuando me llamó para ver qué hacíamos y para que lo calmara. El pánico recién conocí a Jaime porque sabía que él era mi él y el miedo casi que insostenible porque no quería ser menos, no quería que él no fuera perfecto y me asustaba fallar.

El dolor diario y a toda hora, a cada minuto con mi hernia. El infarto que me dio en la columna y los nervios que perdí. La segunda cirugía a los seis meses de la primera y el sentimiento de vulnerabilidad humana y la conciencia de lo pasajera que puede llegar a ser la vida. La tranquilidad que me da la mirada de Jaime acompañándome en urgencias, siendo quien me ponía la ropa por casi seis meses y calzando mis zapatos hasta el sol de hoy –porque no podía y no puedo-.

Wow. Una vida llena de emociones. De miedos. Lagrimas. Risas intensas y abrazos revitalizantes. También de sueños, ilusiones esperanzas. Una vida con el dilema eterno de frenar la mente y no dejarla volar tanto y al mismo tiempo dejarla ser y darle riendas para que volara y se sintiera libre de buscar momentos bonitos, de creerse merecedora de cosas increíbles y soñar sueños rosas.

Y hoy pienso que nunca, jamás, por más alto que estuviera volando mi cabeza me di la oportunidad de imaginar algo tan inmenso y loco. Tan perfecto, gigante y emocionante. Tan rosa, tan mío, tan romántico y tan emocionante.
La propuesta de matrimonio de Jaime para mí se convirtió en la experiencia más emocionante de mi vida. Lo sentí todo en un minuto. Orgullo, felicidad extrema, satisfacción, seguridad, amor profundo, energía, alegría y mucho, pero mucho apoyo. Sentí incondicionalidad por todas partes, olas de alcahuetería y vi las lágrimas alegres y sinceras como muestra de amor por mí, más bonitas del mundo. Creo que ha sido la única vez en mi vida que las lágrimas de los otros me han fascinado y las he amado y he querido que no paren.

Entiendo que es el sentimiento más bonito que he sentido en mi vida porque pocas veces estuve tan segura de algo. Porque entiendo que empiezo un cambio de era. Porque nunca me habían hecho algo tan wow. Porque mi pasado se diluyó y vi con éxtasis mi presente y con calma, tranquilidad, alegría y claridad mi futuro. Porque sentí en ese primer abrazo que le di a Jaime, cómo nuestras almas, desde ese instante, se unieron y empezaron a ser una solita.
Y además porque ha permanecido en mí por una semana. No se ha ido. Sigo sintiéndolo intacto. Miro mi anillo y la cara se me inunda de una sonrisa tierna. Con cada llamada la vuelvo a vivir y dejo que me invada el sentimiento y lo más cool es que cada vez que cuento la historia, vuelvo a aceptar ese anillo. Me lo vuelvo a poner yo misma, con esa misma seguridad y con esas mismas ganas de tenerlo ya en mi mano como muestra de “Claro que sí Jaime, obvio sí, siempre se trató de que nuestro pasos coincidieran y empezaran a caminar paralelos, sí, obvio sí, pilas, empecemos ya”.

Fue el día más feliz de mi vida. Fue el día más feliz de mi mundo porque no lo puedo describir y lo único que puedo decir es que estaba y estoy, real, completa e intensamente feliz.

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