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Siempre se trató del amor

7 marzo, 2018

Yo, realmente, más que soñar e idealizar el amor y buscarlo y perseguirlo lo que hice durante toda mi vida fue vivirlo. Experimentarlo. Conocerme a través de él. Acercarme a mí misma. Perderme. Reconocerme. Fallarle. Acercarme. Alejarme.

Hice un ejercicio, -al principio inconsciente- y luego lleno de consciencia para llegar a saber cómo lo quería, tener la confianza en el universo y en mi misma de saber que llegaría tal cual había descubierto cómo mi alma necesitaba y luego tener la paciencia y la certeza para esperarlo.

Años y años de letras, cartas, reflexiones, análisis, momentos de locura y otros de dolor, experimenté aciertos frustrantes y fracasos interesantes. Yo, en realidad, me viví a través del amor. Y me vivo aun. Cada día. Sin embargo en esta etapa tan bacana en la que estoy pienso que siempre amé el amor.

Con fuerza y con miedo porque sabía la capacidad que este mismo tenía para alegrarme y para destruirme. Para confundirme, paralizarme y potenciar lo más bonito y loco de mí. Para tirarme al piso y dejarme en la oscuridad y para vivir experiencias increíbles, los aprendizajes más poderosos y los acercamientos más trascendentales conmigo misma.

A través del amor supe cómo quería ser amada. Reconocí cuál era la forma del amor que no vibraba con la mía. Pude saberme intensa y locamente amada y eso me dio el valor para esperar a que me amaran así y mejor. Viví lo que definitivamente no definía mi concepto de relación ideal y me llevó a cambiar mi forma de vida para atraer cosas diferentes. Supe reconocer cuando el universo me estaba preparando, retando y exigiendo. También tuve una claridad mágica de reconocer cuando la energía del amor -que más que verdadero, ideal y perfecto y todo eso- para mí, estaba disponible. Se acercaba. Me preparaba. Me daba pistas.

Me acuerdo tan perfecto de haber salido de una relación y haber dicho “este es el último no en mi vida” y luego un año después haber dicho, me estoy acercando, el universo me está mostrando cómo son los sís. Y un año después de este año con el último sí antes de mi gran sí, haber mirado a mi mejor amiga y haberle dicho, “viste, otro gran sí, estoy a un pelo, el próximo es.”

Y el próximo fue.

Y hoy que estoy con mi sí definitivo y acertado y más rotundo y más consciente de mi vida entiendo muchas cosas y lo más divertido es que me doy cuenta de que jamás soñé con un matrimonio. Estuve todo el tiempo enfocada en el amor verdadero y sano y el matrimonio como evento social nunca fue algo con lo que pintara de rosado las nubes y no lo fantaseaba ni lo anhelaba con pasión y locura y por eso hoy no tengo ni idea de cómo ni cuándo ni si así o azá. Sin embargo, ahora que entro a revisar a dentro lo que quiero y entrando en esa etapa, les quiero decir que es un mundo de sorpresas increíbles y una energía intensa superior a mí.

Estoy entrando a un nuevo universo que jamás soñé pero para el que inconscientemente me preparé, con entrega y determinación. Una etapa que hoy construyo todos los días y ahora, sí, ya con él a mi lado, lo sueño intensamente y no quiero que nadie me hable de otra cosa, solo veo referencias, un día lo quiero enorme, otro día pequeño, al siguiente flores pero cinco minutos después matas y solo matas.

Amo que me escriban a darme tips, que amigas de hace siglos me manden su apoyo, que mis amigas de siempre quieran abrazarme con detalles, amo con sabiduría ver a mi mamá que tampoco quiere que nadie le hable de algo diferente, a mi hermano con sus palabras cálidas de apoyo incondicional y a Jaime, el amor de cada uno de mis minutos; diciéndome sí, sí a absolutamente a todo. Amo, amo y me propongo seguir amando mi etapa Preparación Boda.

Por eso digo mis queridas amigas del alma, no hay afán. Cada etapa debe vivirse con intensidad para poder vivir con sensatez y pasión la etapa que sigue. Cada momento debe disfrutarse porque nos prepara para poder disfrutar el que sigue. Cada ciclo existe por una razón que si no sabemos entender y no podemos solucionarlo, no nos permitimos avanzar al siguiente.

Como cuando jugábamos Mario Bross. Para poder pasar al mundo siguiente y luego conquistar a la princesa, teníamos que ir liberando pequeñas conquistas, pero si no lo lográbamos lo teníamos que repetir y repetir y repetir.

Es así. No avanzamos a la siguiente etapa hasta que hayamos hecho el trabajo. Hasta que hayamos solucionado todo. Hasta que hayamos aprendido dónde están las vidas, los caminos que nos convienen y cómo matar los monstruos. Hay que hacer el trabajo y disfrutarlo. Y aprender.

Y yo hoy entiendo que todo lo viví para disfrutar sin dudas, sin miedos, con propiedad y con descaro este momento de mi vida. Hoy entiendo que por años me preparé para este momento. Hoy veo el ejercicio consciente que hice para crear un año increíble y hoy recibo los frutos porque pasé todos los mundos para llegar a Jaime y este año y el día de la fiesta de mi matrimonio quiero disfrutar como cuando Mario llegaba al castillo y salían cositas y era increíble.

Y quiero, espero y te deseo con todo mi corazón, que llegues a este momento con la convicción intensa y la felicidad enorme. Y sí. Me siento merecedora y ato cabos y me digo lo hiciste bien y haberlo hecho bien, y sentirme merecedora me exige ir por ahí sintiéndome livianita, agradecida y con sonrisas de sobra para regalarlas a ti y a ti y a ti y todo el que en la calle me abrace por mi matrimonio.

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