Amor

Sí y mil veces sí

4 diciembre, 2018

Aproximadamente ocho meses antes de casarme, Diego, el diseñador de mi vestido, me retó asegurando que como mi sello era escribir algo en mi vestido debía tener letras. A mi la idea me pareció impactante y hasta un poco escandalosa y aunque no lograba imaginarlo le dije que sin miedo me le mediría al reto.

Llegué a mi computador a buscar referencias y lentamente, poco a poco no solo me fui llenando de confianza en la disruptiva y original idea, sino que me fui enamorando y dándole forma en mi mente al vestido de mis sueños. Así que me lancé a escribir mis votos, las palabras que quería llevar toda esa noche conmigo, dejarlas escritas, que se pudieran tocar, disfrutar y recurrir a ellas no solo esa noche, sino todas las noches que las necesitara.

Y aunque tres días antes de casarme cambié los votos y no son estos los que le leí al Bombi en la ceremonia, estos, estos son los votos que me acompañaron toda la noche, que caminaron conmigo y mi papá, que fueron nuestras cómplices en el primer baile y que volaron, se arrastraron, me pisaron y tocaron cuando reinaban mi cabeza, pues mis votos tenían vida propia porque volaban y disfrutaban de la brisa ya que estaban muy escritos en mi velo:

Sí y mil veces sí (esta frase, que es el titulo de mis votos, estaba escrita en mi vestido)

Bombón de mi vida; eres el sí más rotundo, consiente, mágico, decidido, alegre y esperado de mi vida. Hoy te escojo, como mi compañero de camino, cómplice de locuras, luz de mis días, alegría de mi vida, el amor que va por encima de todos mis amores y la decisión más decidida, constante y diaria de mi existencia.

Eres el abrazo que me devuelve a mi centro, la sonrisa que ilumina mi oscuridad, los chistes que hacen que cada día sea un buen día, mi ánimo para continuar cuando no quiero continuar, la pasión que me enciende, mi mejor plan y el único que necesito, mi ilusión día a día y mi inspiración.

Te diría sí mil veces. Te lo dije desde el inicio, cada día y hoy otra vez. Sí y cien veces sí. Sí a tus ojos negros expresivos amorosos, sí a tu corazón bondadoso, sí a tu sentido del humor, sí a tu sonrisa amplía y constante, sí a tu barba sexy con canas, sí a tus cicatrices que cuentan historias, sí a tu locura divertida, sí a tus brazos deliciosos, sí a tus sueños intensos, sí a todos tus sís.

Sí a tus besos mojados, a tu sexo apasionado, a tu caminar desbaratado. Sí a tus quejas, a tus manos tiernas, a tus idiomas poco serios, a tu compañía, a tus errores, a tus defectos, a tus papás, a tu hermana, a tu sobrino y a toda, entera, tu familia.

Sí a ser tuya, a construir a tu lado, a crear una familia, a verte ser el mejor papá de todos. Sí a cuidarte, a burlarme de tus dramas, a estar ahí cuando me necesites, sí al desayuno en la mañana y a los planes de fin de semana. Sí a tus malos días, sí a tus días de playstation, sí a tu disciplina floja, sí a las hamburguesas y sí a tu paciencia colorida.

Sí a la historia que hemos escrito, sí a lo que está por escribirse, sí a ti como mi centro, mi norte y mi familia. Sí a ser ese beso sanador, a ser quien te acompañe a urgencias, a las fiestas familiares, en los días de cama y películas. Sí a tomar decisiones contigo, a someter cualquier de mis actos en beneficio de los dos y sí muy sí a cuidar y alimentar todos los días lo que somos.
Si a ti. Si a nosotros. Si, absolutamente sí.

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